Historia de la Cirugía Plástica
Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: sexta parte
Dr. Ricardo J Losardo
Revista Argentina de Cirugía Plástica 2026;(01):0037-0040
Se relata la relación del Dr. Héctor Marino con el cirujano plástico Dr. Roberto Dellepiane-Rawson y los últimos tiempos del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Rawson, antes de su cierre. Se mencionan también algunos médicos de esa época, entre ellos cuatro expresidentes de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica (SACPER).
Palabras clave: biografía, historia de la medicina, cirugía plástica.
The book recounts the relationship between Dr. Héctor Marino and the plastic surgeon Dr. Roberto Dellepiane-Rawson, and the final days of the Plastic Surgery Department at Rawson Hospital before its closure. It also mentions several doctors from that era, including four former presidents of the Argentine Society of Plastic Surgery (SACPER).
Keywords: biography, history of medicine, plastic surgery.
Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.
Fuente de información Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora. Para solicitudes de reimpresión a Revista Argentina de Cirugía Plástica hacer click aquí.
Recibido 2025-12-10 | Aceptado 2026-01-30 | Publicado 2026-03-31


Introducción
El doctor Héctor Marino (1905-1996), destacado cirujano plástico argentino, fue uno de los primeros cirujanos plásticos en Latinoamérica. Profesor de la Escuela de Posgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador y primer director de la Carrera de Especialización en Cirugía Plástica. Jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Municipal de Oncología “María Curie”. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina. Miembro Honorario de la Asociación Médica Argentina. Presidente de la Academia Argentina de Cirugía. Presidente de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica (SACPER)1,2.
Marino escribió en sus últimos años tres crónicas de viajes (1935, 1938 y 1944-1945) así como recuerdos y anécdotas de distintas épocas de su vida3-6. A continuación, transcribimos, con algunos retoques, dos de ellas que llevan los títulos “Mi relación con Dellepiane-Rawson” y “La Sala VII y el fin del Hospital Rawson”.
En la primera anécdota recuerda su relación con el colega Dr. Roberto Dellepiane-Rawson (Figura 1), 10 años mayor que él, con quien competía en el ambiente profesional y que también ejercía la especialidad en el Hospital “Dr. Guillermo Rawson”. En estos detallados recuerdos y anécdotas que escribió Marino, en varias oportunidades menciona a Dellepiane-Rawson; de tal manera que uno puede observar la rivalidad que existía entre ambos a lo largo de estas páginas. También menciona a los hermanos Enrique (1881-1948) y Ricardo Finochietto (1888-1962), a quienes admiraba y a su padre Salvador Marino (1876-1956). Además, cita a Alberto Gainza-Paz (1899-1977), director del Diario La Prensa, periódico que contaba con un reconocido prestigio internacional. Gainza-Paz pertenecía a una de las familias más poderosas de la Argentina y formaba parte del círculo porteño aristocrático con una influyente actuación política en su época.
En la segunda anécdota, cuenta su participación en 1966 como jurado en un concurso de jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Rawson, por jubilación de su jefe Dellepiane-Rawson. En ese entonces, Marino se desempeñaba hacía 8 años como Jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Municipal de Oncología. Allí habla de estas otras rivalidades entre el grupo de Ernesto Malbec (1903-1991) y el de Roberto Dellepiane-Rawson (1896-1979). Finalmente hace mención del cierre de este hospital, 12 años después de aquel concurso, en 1978. En esta segunda anécdota también menciona a Francisco Arespacochaga (1915-2000) (Figura 2) y a Alberto Raúl Beaux. Todos los colegas mencionados fueron presidentes de la SACPER, lo que demuestra el nivel profesional. El concurso fue ganado por Arespacochaga (Figura 3) y con el cierre del Hospital Rawson se trasladó al Hospital Ramos Mejía. Los tres jefes que tuvo el Servicio de Cirugía Plástica, Sala VII, fueron Marino, Dellepiane-Rawson y Arespacochaga.
Recordemos que el Hospital Rawson fue gestor de una buena parte del patrimonio quirúrgico de nuestro país y marcó una época inolvidable para la historia de la medicina argentina. Era un hospital pabellonado al mejor estilo francés, como por ejemplo el Hospital de la Pitié Salpêtrière de París, una institución de excelencia que aún hoy funciona. A mediados de la década de 1970, el intendente municipal inició una restricción económica para el mantenimiento de la institución que lo hizo inviable algunos años después para funcionar7.
Mi relación con Dellepiane-Rawson
Un día, el director del Hospital Rawson, el Dr. Raúl Novaro, amigo de mi padre, me llamó a su escritorio y me dijo: “Héctor, ¿cómo estás haciendo esa barbaridad de pararte en la pérgola de entrada para desviar casos de cirugía plástica a tu Servicio?” Naturalmente, quedé muy sorprendido por la pregunta y al fin pude resolver la incógnita. Se trataba del mentado colega que se había ido a quejar al Director debido a que la afluencia de pacientes en mi Servicio era cien veces mayor que la que le llegaba a él, en su pequeña instalación anexa al Servicio de Enrique Finochietto y que se imaginaba -equivocadamente- que yo estaba haciendo ese bajo ardid.
Este señor se dedicaba principalmente a la esgrima y al tiro al blanco, preparándose para solucionar todo tipo de cuestiones de “honor”, que todavía tenían cierta importancia en esa época, por lo cual la gente no le devolvía su merecido. De todos modos, intentos de esa especie me eran referidos prácticamente todos los días y yo, atosigado de enfermos, acabé por no darle mayor importancia.
Sin embargo, un día cometí el error de darle la ocasión de su vida. El director de la revista Atlántida me propuso que operara una niña, que se sortearía en un concurso, acompañando la publicación de un artículo sobre cirugía estética. Naturalmente que yo pedí que mi nombre no figurara en manera alguna vinculado con el asunto, conociendo las reglas estrictas de la época.
El artículo era traducción de uno francés aparecido en la revista Marie Claire y a pie del mismo se ofrecía que la persona que mandara a la redacción una carta convincente sería obsequiada con una nasoplastia practicada por un especialista de renombre internacional. El concurso tuvo un enorme éxito, y finalmente operé a la agraciada con toda felicidad. Fue ahí que Don Roberto Dellepiane Rawson vio la oportunidad de su vida. Rápidamente averiguó que el operador era Héctor Marino y procedió a pedir a la Facultad de Medicina que me quitara el título de médico por gran falta de ética; lo mismo hizo en la asistencia pública, solicitando que se me suspendiera en toda actividad municipal; y finalmente terminó yendo a la Academia Argentina de Cirugía para que se me expulsara. Como es de suponer, en todos esos lugares se le dijo que no había razón para tan graves medidas; y en resumen, todo terminó en un tribunal de cirujanos plásticos pertenecientes a la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, que recibieron todas las explicaciones del editor de la revista y se dieron por satisfechos. De todos modos, el celoso colega me tuvo fastidiado durante un cierto tiempo. Pero al final se limitaba a contar historias sobre mi persona en su grupo de amigos o en los almuerzos en lo de Gainza Paz, a los cuales concurría asiduamente.
En esa época de luchas políticas tanto hizo que consiguió ser puesto preso por Perón, lo que naturalmente atribuyó a oscuros complots de Ricardo Finochietto. También fue particular su salida del Hospital Naval, donde actuaba como cirujano plástico. Parece que un día el Director le exigió que solucionara una grave lesión del muslo derecho del teniente de navío Odriozola, que estando en una torrecilla de uno de los grandes cañones del acorazado Moreno, había sido alcanzado por las llamas de una bolsa de explosivo (de las que se meten dentro del cañón para propulsar las balas) que afortunadamente no estalló, lo que habría significado la muerte de todos los ocupantes de la torrecilla. La respuesta fue que eso era “para los muchachos” que él era un “plasticista” y, por lo tanto, no podía rebajarse al bajo menester de forrarle de piel al muslo del pobre Odriozola. El asunto culminó cuando se le propuso que tratara una brida o banda amniótica en un recién nacido, que intentó solucionar sin éxito, con lo cual le dijeron que no volviera al hospital.
Naturalmente que esto también fue atribuido a un complot entre Ricardo Finochietto y el que suscribe. En resumen, se abrió un concurso que gané yo. Y en pocos días, los dos casos quedaron solucionados con un injerto de piel -a la manera de unas estampillas de Gabarró- y una serie de zetaplastias; e inicié una de las más felices relaciones entre mi actividad y la Marina Argentina, que duró sin límite de edad hasta que pasé los setenta años.
Hay que confesar que, al transcurrir los años, el enemigo se cansó o se ablandó porque, cuando presenté mi candidatura de Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, tuvo el buen gusto de olvidarse de sus ataques y me dejó el placer de que fuese nombrado por unanimidad.
La Sala VII y el fin del Hospital Rawson
Un buen día, estando yo cómodamente afincado en mi Servicio de Cirugía Plástica del Hospital de Oncología, en Parque Centenario, se me ofreció la jefatura de la Sala VII del Hospital Rawson (mi antiguo Servicio de Cirugía Plástica) que había sido dejada libre por la jubilación de su Jefe. Naturalmente que rechacé el tardío ofrecimiento, pero me pidieron que presidiera el Tribunal del Concurso que juzgaría los posibles jefes de dicho Servicio. Corría el año 1966. Yo ya había formado parte de otros jurados para concursos de jefe y médicos de planta en nuestra especialidad de otros hospitales municipales. Así que acepté y, una mañana, como se estilaba entonces, me encontré con dos inscriptos: uno, discípulo de Malbec, de reconocida trayectoria; y el otro, Francisco Arespacochaga, discípulo de Dellepiane-Rawson. Estando seguro que el concurso podía ofrecer dificultades, me llevé un grabador para registrar las conferencias de ambos candidatos. Se trataba de presentar y discutir un caso de hipospadias.
Las dos conferencias fueron buenas pero la del vasco o “Paco” Arespacochaga -como afectuosamente lo llamaban- fue mucho mejor. Haciéndose vocero de los sentimientos de los miembros del jurado, que sabían que Arespacochaga había sido el mensajero de muchas de las imprecaciones de su Jefe contra mí, Alberto Beaux -el discípulo de Malbec que integraba el jurado- me dijo que habían decidido dejarme a mí la decisión sobre quién debía ocupar ese puesto. Yo, ante la excelencia de la conferencia del vasco, dije que se la diéramos a este y como resultado tuve la emoción que mi exenemigo viniera a abrazarme con los ojos llenos de lágrimas, pues, según me confesó nunca pensó que yo no aprovecharía esa ocasión para vengarme… El ganador del concurso, a lo largo de los años, hizo una excelente jefatura y logró un buen número de discípulos, lo que demuestra que la decisión fue correcta.
Al fin, en 1978, un buen día, las autoridades municipales, en la época de la intendencia del brigadier Osvaldo Cacciatore, decidieron transformar ese histórico hospital en un asilo geriátrico con lo cual toda esa larga historia quedó sumida en el recuerdo.
Conclusión
En esta sexta parte de nuestra publicación sobre recuerdos y anécdotas, el Dr. Héctor Marino relata su relación profesional con el colega Roberto Dellepiane-Rawson y recuerda su actuación como jurado en el último concurso del Servicio de Cirugía Plástica (Sala VII) del Hospital Rawson. Además, menciona algunos detalles sobre el cierre de este hospital.
Esta serie de artículos pretende recordar la figura de don Héctor Marino y los primeros años de la cirugía plástica argentina, sus instituciones y protagonistas, ante las futuras generaciones de cirujanos plásticos, para que tengan modelos y ejemplos a seguir en estos tiempos actuales 8-12.
Losardo RJ. Semblanza del Académico Profesor Doctor Héctor Marino. Revista de la Asociación Médica Argentina. 2018;131(2):4-6.
Losardo RJ, Marino HS. Héctor Marino. Pionero de la Cirugía Plástica Latinoamericana. La Prensa Médica Argentina. 2023;109(2):64-74.
Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Crónica de viaje: Alemania e Inglaterra, 1935. Revista ALMA Cultura & Medicina. 2019;5(1):51-57.
Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Crónica de viaje: Estados Unidos, 1938. Revista ALMA Cultura & Medicina. 2019;5(2):8-16.
Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Crónica de viaje: La Segunda Guerra Mundial. Revista ALMA Cultura & Medicina. 2019;5(3):6-12.
Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Recuerdos de los Congresos Internacionales de Cirugía Plástica. Revista ALMA Cultura & Medicina. 2022;8(1):48-61.
Losardo RJ, Albanese EF. El final del Hospital Rawson y la diáspora finochiettista. A 45 años de estos hechos. Revista de la Asociación Médica Argentina. 2023;136(2):18-25.
Losardo RJ. Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: primera parte. Revista Argentina de Cirugía Plástica. 2024;30(4):343-345.
Losardo RJ. Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: segunda parte. Revista Argentina de Cirugía Plástica. 2025;31(1):26-28.
Losardo RJ. Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: tercera parte. Revista Argentina de Cirugía Plástica. 2025;31(2):78-81.
Losardo RJ. Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: cuarta parte. Revista Argentina de Cirugía Plástica. 2025;31(3):143-146.
Losardo RJ. Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: quinta parte. Revista Argentina de Cirugía Plástica. 2025;31(4):192-196.
Mogliani MO, Gagliardi E, Famá FJ, Panizza JC. Recordando a los que nos precedieron: Dr. Francisco Arespacochaga (cirujano maestro). Revista Argentina de Cirugía Plástica. 2004;10(2):87-90.
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