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Artículo de Actualización

Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: tercera parte

Dr. Ricardo J Losardo

Revista Argentina de Cirugí­a Plástica 2025;(02):0078-0081 


Se relata la trayectoria del Dr. Héctor Marino en los hospitales de colectividades Alemán y Británico, así como de las fuerzas armadas Naval y Aeronáutico, y su relación con los discípulos formados por él en esos hospitales.


Palabras clave: biografía, historia de la medicina, cirugía plástica.

We described the trajectory of Dr. Héctor Marino’s career at the German and British community hospitals, as well as the armed forces, the Naval and Aeronautical Hospitals, and his relationship with the disciples he trained at those hospitals.


Keywords: biography, history of medicine, plastic surgery.


Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información So­cie­dad Ar­genti­na de Ci­ru­gí­a Plás­tica, Estética y Re­pa­ra­do­ra. Para solicitudes de reimpresión a Revista Argentina de Cirugí­a Plástica hacer click aquí.

Recibido 2025-04-21 | Aceptado 2025-04-30 | Publicado 2025-06-30

Figura 1. Dr. Harold Gillies (1882-1960).

Figura 2. Dr. Archibald Mc Indoe (1900-1960).

Introducción

El doctor Héctor Marino (1905-1996), destacado cirujano plástico argentino, fue uno de los primeros cirujanos plásticos en Latinoamérica. Profesor de la Escuela de Posgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador y primer director de la Carrera de Especialización en Cirugía Plástica. Jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital de Oncología “María Curie”. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina. Miembro Honorario de la Asociación Médica Argentina. Presidente de la Academia Argentina de Cirugía. Presidente de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica 1,2.

Marino escribió en los últimos años de su vida tres crónicas de viajes (1935, 1938 y 1944-1945) así como recuerdos y anécdotas de distintas épocas de su vida 3-6. A continuación, transcribimos, con algunos retoques, dos de ellas que llevan los títulos “Hospital Alemán y Hospital Británico” y “Hospital Aeronáutico Central y Hospital Naval”.

En la primera anécdota recuerda su actuación en el Hospital Alemán (fundado en 1867) y en el Hospital Británico (fundado en 1844). Este último muy próximo al Hospital Rawson, donde trabajaba por las mañanas. En el Hospital Británico hace mención de uno de sus discípu los, el joven Jack Davis (1918-1997), quien se iniciaba en la cirugía general y en la cirugía plástica realizando en dicho hospital la residencia (1943-1946). También hace mención de Jorge Mulcahy (n. 1893 - m. s/f), cirujano de ascendencia irlandesa muy hábil, discípulo de Pedro Chutro y amigo de los hermanos Finochietto.

En la segunda anécdota se refiere a su actuación, unos años después, en el Hospital Naval de Buenos Aires y en el Hospital Aeronáutico Central. El primero funcionaba en el predio del Hospital Durand y se creó en 1947; allí funcionó hasta 1981. En el Naval, lo acompañó su discípulo Samuel Osvaldo Morra (1927-2012) y en el Aeronáutico, su discípulo Mario Miguel Nosenzo (1919-2008). Ambos además realizaron una importante trayectoria militar.

Recuerda en estas anécdotas a dos de sus maestros de la cirugía plástica internacional: Harold Gillies (1882-1960) y Archibald Mc Indoe (1900-1960) (Figuras 1 y 2). También menciona al famoso Jacques Joseph (1865-1934), experto en rinoplastias.

Además, en estas anécdotas menciona a los colegas Roberto Dellepiane Rawson (1896-1979) y a Ramón Palacio Posse (1901- s/f), ambos mayores que Héctor Marino, con quienes tuvo en sus primeras épocas algunas rivalidades ya que competían por los mismos espacios profesionales. El primero, se desempeñó como cirujano plástico en el Hospital Rawson y estuvo a cargo del Servicio de Cirugía Plástica (sucediéndolo a Marino en 1955) y realizó una importante trayectoria profesional, incluso llegó a ser el quinto presidente de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica. Mientras, el segundo, si bien se había iniciado como otorrinolaringólogo, luego habría abrazado a la cirugía plástica y estuvo a cargo del Servicio en el Hospital Alvear. Además, en 1946 publicó el libro “Cirugía estética” de 300 páginas, que Miguel Correa Iturraspe lo calificó de meritorio y que en su momento llenó un sensible vacío de nuestra literatura médica 7.

Hospital Alemán
y Hospital Británico

Otro efecto de tal situación fue que decidiera llevar mis actividades a otros ambientes, donde el trato de los pacientes se aproximara más al de la clientela privada. Esto se inició en el Hospital Alemán, donde mi padre era amigo del doctor Boëhme, un excelente cirujano que se interesaba por las posibilidades de la cirugía plástica y que le solicitó que yo fuera a practicarla allí. Recuerdo que mi iniciación en el nuevo ambiente fue una serie de éxitos: el primero una bella enfermera con una radio distrofia lateral del cuello, a la que le cambié la piel con un injerto y, el mismo día, un muchacho con un arrancamiento de la piel del pene, al que repuse el forro. En resumen, fui el primero en introducir la especialidad en el Alemán, con el resultado de que en 1939 e iniciada la guerra, comuniqué que donaba mis honorarios a la Cruz Roja Alemana, pues yo ya estaba trabajando en el Hospital Británico, con lo cual no volví a ese hospital hasta bien terminada la guerra.

El caso del Hospital Británico fue algo diferente; allí uno de los jefes de Cirugía era el doctor Jorge Mulcahy, cuyas hermanas eran íntimas de la familia de mi esposa y a cuya casa íbamos a almorzar con frecuencia los sábados. Enterado Mulcahy de mis experiencias en Inglaterra me propuso que fuera a su hospital para atender casos de mi especialidad; lo que, naturalmente, acepté encantado. Así, a partir de 1950, dos veces por semana dejaba el Rawson más temprano y me iba a ese hospital, que me quedaba muy cerca, a unas pocas cuadras. En resumen, fue una experiencia muy buena, tanto por lo bien que fui recibido por el personal como por la excelencia de la atención y el interés de las operaciones. Allí conocí a un joven médico, Jack Davis, que en ese entonces creo trabajaba en la Sección de Hemoterapia del hospital pero que concurría también como ayudante al Servicio de Cirugía de Mulcahy y, por lo tanto, también me ayudaba a mí con frecuencia. Al principio actuaba solo como ayudante, pero luego, mis nuevas funciones en el Hospital Naval hicieron que fuera imposible ocuparme del posoperatorio, así que fui delegando esas funciones paulatinamente en el doctor Davis, que demostró especial dedicación para la especialidad.

Recuerdo que, durante mi permanencia en Estados Unidos e Inglaterra, en los años 1944 y 1945, como ya he relatado en mis crónicas de viaje, continué en Europa hasta el fin de la contienda invitado por el British Council. Ya otros dos médicos argentinos habían recibido igual invitación. Uno, Ricardo Castro Escalada O’Connor, sobrino de José Arce, quien había estado un año en Gran Bretaña, dejando buen recuerdo; y el otro, Roberto Dellepiane-Rawson quien fuera agregado al hospital de Sir Harold Gillies, donde estuvo por un breve tiempo. En cuanto al doctor Davis, durante toda mi permanencia en USA y Gran Bretaña nunca oí su nombre mencionado, sea en hospitales militares de los tantos en que actué o visité como en la Embajada Argentina, en el Canning Club o el British Council. Colijo que prudentemente el colega, hijo de padres ingleses, postergó su viaje a Europa hasta completamente terminada la guerra, pues de lo contrario corría peligro de ser automáticamente movilizado y posiblemente terminar como médico de regimiento en algún frente de batalla, con las consecuencias previsibles, que pudieron hacer que perdiéramos uno de los más brillantes representantes de las nuevas generaciones de cirujanos plásticos argentinos.

Hospital Naval
y Hospital Aeronáutico Central

Al inicio de la década del ’50 me incorporé como cirujano plástico al Hospital Naval; y al final de esta, al Hospital Aeronáutico Central. Ambos hospitales tenían una clientela común que eran los traumatizados graves, con la sola diferencia que en el Aeronáutico había menos accidentados, pues una cosa es caerse al agua y otra caerse de un aeroplano. Otra diferencia era la formalidad de ambos ambientes, aunque el de la Marina era mucho más distendido que el de la Aeronáutica, donde todavía se hacía sentir la proveniencia militar.

De todos modos, recordemos que, en estos hospitales, la Cirugía Plástica había estado entonces en manos de otorrinolaringólogos con las consecuencias que conocemos. Como resultado de este estado de las cosas, fue que me empezaron a enviar miembros de la Aeronáutica como clientes privados, pues el que debía operarlos no tenía la total formación para hacerlo.

Éste era un otorrinolaringólogo tucumano llamado Ramón Palacio Posse que tenía la particularidad de haberse ido, una vez recibido, a Alemania a buscar instrucción en cirugía estética al lado del famoso Joseph, en Berlín. Habiendo realizado un gran esfuerzo económico para vivir allí, finalmente volvió a la Argentina, sabiendo cómo hacer una rinoplastia de excelencia. Naturalmente que eso estaba muy lejos de las necesidades de los aviadores. De ahí que, como la asistencia privada les salía cara, la Dirección del hospital abrió un concurso para conseguir un cirujano más completo. Cuando Palacio Posse vio que yo seguramente me iba a presentar al certamen con la seguridad de ganarlo, me llamó por teléfono anunciándome que si lo hacía me iba a tirar una bomba... En esos tiempos de posguerra, todo se solucionaba de esa manera...

Llegado el concurso y naturalmente ganado por mí, el contendiente se las arregló con el Director de hospital para que se postergara mi nombramiento por dos años. El resultado fue previsible: el día que me entregaron al fin el nombramiento, yo le devolví al empleado con mi renuncia. Esa misma mañana, el Comodoro Dr. Victorio Vicente Olguin, Jefe de la Sanidad Aeronáutica me llamó para preguntarme a qué se debía mi actitud. Cuando le conté lo que había sucedido procedió a pedir el retiro del Director del hospital, a sacar de su sitio a Palacio Posse y me invitó a almorzar en el Círculo Aeronáutico. Yo tenía entre mis discípulos a un teniente médico de aeronáutica, Mario Miguel Nosenzo, que me había seguido fielmente desde hacía dos o tres años. Propuse que se lo enviara a Inglaterra, a perfeccionarse al lado de Archibald Mc Indoe, y durante los dos años de su ausencia, yo me haría cargo gratuitamente de las necesidades del hospital, conservándole así el puesto a mi discípulo. Así se hizo y acompañé a Nosenzo a Inglaterra, dejándolo recomendado especialmente a mi amigo Archibald.

En esos años, aproveché para dar un curso anual, muy concurrido, sobre la especialidad aprovechando que, en el Hospital Aeronáutico Central había una instalación para transmitir las imágenes operatorias con una engorrosa cámara de televisión de marca General Electric, que requería de un ingeniero para poder funcionar y que nadie había usado hasta entonces. Creo que por la razón que cuando se opera bajo cámara de televisión, los errores o fallas técnicas aparecen enormemente aumentadas. A mí eso no me importaba, pues yo ya había tenido ocasión de estar bajo la cámara durante mis cursos en Francia. Al fin volvió Nosenzo y así como en la Marina mi primer ayudante, el Dr. Samuel Morra alcanzó el más alto grado en su carrera, o sea Contraalmirante y Jefe de la Sanidad Naval, Nosenzo con los años llegó a Brigadier y Jefe de la Sanidad Aeronáutica.

En todos estos hospitales, que he recordado, tuve inconvenientes con el ejercicio de la cirugía estética pues, sobre todo en el ambiente militar, las señoras de las autoridades pretendían que se las operara gratuitamente de los así llamados “defectos estéticos”, lo cual no me convenía a mí. Por lo tanto, siempre conseguí que se me permitiera hacer cirugía reparadora o reconstructiva, de defectos congénitos, traumatismos y tumores, en fin, verdadera cirugía plástica. Sospecho que mis dos discípulos que llegaron a Jefes de Sanidad no hicieron lo mismo y eso pudo ser un elemento favorable, aunque por cierto no único, para adelantar en su carrera. En lo que a mí concierne me limité a operar los casos justificados, en privado, gratuitamente o con honorarios muy reducidos.

El premio de estos trabajos fue que, cuando me retiré, se me nombró Consultor Honorario de Cirugía Plástica en ambas Sanidades.

Conclusión

En esta tercera parte de nuestra publicación sobre recuerdos y anécdotas del Dr. Héctor Marino, destacamos que el maestro desarrolló la especialidad en los hospitales Alemán, Británico, Naval y Aeronáutico, donde se desempeñó sucesiva y a veces simultáneamente en más de uno de ellos. En el Británico y en el Naval estuvo más tiempo que en el Alemán y en el Aeronáutico.

Debemos remarcar que la actividad en estos hospitales de colectividades y de las fuerzas armadas, las realizó en forma conjunta con su actividad en los hospitales públicos de la ciudad de Buenos Aires, primero en el Hospital Rawson (donde estuvo 25 años) y luego en el actual Hospital de Oncología “María Curie” (donde estuvo 12 años). Señalemos que cuando Héctor Marino se retira del Hospital Rawson, este nosocomio continuaba con su etapa de esplendor 8.

En estos hospitales dejó discípulos, que con el tiempo ocuparían jefaturas de máxima jerarquía, como los doctores Jack Davis, Samuel Morra y Mario Nosenzo, entre otros.

Esta serie de artículos pretende recordar la figura de don Héctor Marino y los primeros años de la cirugía plástica argentina, ante las futuras generaciones de cirujanos plásticos, para que tengan modelos y ejemplos a seguir en nuestros tiempos actuales 7,9-12.

  1. Losardo RJ. Semblanza del Académico Profesor Doctor Héctor Marino. Revista de la Asociación Médica Argentina, 2018; 131 (2): 4-6.

  2. Losardo RJ, Marino HS Héctor Marino. Pionero de la Cirugía Plástica Latinoamericana. La Prensa Médica Argentina, 2023; 109 (2): 64-74.

  3. Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Crónica de viaje: Alemania e Inglaterra, 1935. Revista ALMA Cultura & Medicina, 2019; 5 (1): 51-57.

  4. Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Crónica de viaje: Estados Unidos, 1938. Revista ALMA Cultura & Medicina, 2019; 5 (2): 8-16.

  5. Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Crónica de viaje: La Segunda Guerra Mundial. Revista ALMA Cultura & Medicina, 2019; 5 (3): 6-12.

  6. Losardo RJ. Dr. Héctor Marino. Recuerdos de los Congresos Internacionales de Cirugía Plástica. Revista ALMA Cultura & Medicina, 2022; 8 (1): 48-61.

  7. Losardo RJ. Dr. Miguel Correa-Iturraspe: La cirugía plástica que ha vivido. La Prensa Médica Argentina, 2023; 109 (3): 101-120.

  8. Losardo RJ; Albanese, E.F. El final del Hospital Rawson y la diáspora finochiettista. A 45 años de estos hechos. Revista de la Asociación Médica Argentina, 2023; 136 (2): 18-25.

  9. Losardo RJ. Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: primera parte. Revista Argentina de Cirugía Plástica, 2024; 30 (4): 343-345.

  10. Losardo RJ. Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: segunda parte. Revista Argentina de Cirugía Plástica, 2025; 31 (1): 26-28.

  11. Losardo RJ. Oscar V. Mallo. Pionero de la cirugía plástica infantil argentina. La Prensa Médica Argentina, 2024; 110 (3): 123-130.

  12. Losardo RJ. Semblanza del Académico Profesor Doctor Fortunato Benaim. Revista de la Asociación Médica Argentina, 2021; 134 (4): 6-8.

Autores

Dr. Ricardo J Losardo
Presidente de la Academia Panamericana de Historia de la Medicina. Vicepresidente de la Sociedad Internacional de Historia de la Medicina. Profesor Titular de la Carrera de Especialización en Cirugía Plástica y Reparadora de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador (USAL). Ex Director del Hospital Municipal de Oncología “María Curie” (GCBA).

Autor correspondencia

Dr. Ricardo J Losardo
Presidente de la Academia Panamericana de Historia de la Medicina. Vicepresidente de la Sociedad Internacional de Historia de la Medicina. Profesor Titular de la Carrera de Especialización en Cirugía Plástica y Reparadora de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador (USAL). Ex Director del Hospital Municipal de Oncología “María Curie” (GCBA).

Correo electrónico: ricardo.losardo@usal.edu.ar

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Revista Argentina de Cirugí­a Plástica, Volumen Año 2025 Num 02

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Revista Argentina de Cirugí­a Plástica
Número 02 | Volumen 71 | Año 2025

Titulo
Recuerdos y anécdotas del doctor Héctor Marino: tercera parte

Autores
Dr. Ricardo J Losardo

Publicación
Revista Argentina de Cirugí­a Plástica

Editor
So­cie­dad Ar­genti­na de Ci­ru­gí­a Plás­tica, Estética y Re­pa­ra­do­ra

Fecha de publicación
2025-06-30

Registro de propiedad intelectual
© So­cie­dad Ar­genti­na de Ci­ru­gí­a Plás­tica, Estética y Re­pa­ra­do­ra

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